Las Alumnas

Cada una de ustedes – mis alumnas – es un mundo, un cuerpo y un espíritu diferente.

Mi rol, es descubrir cual es la mejor manera en la cual aprendes, cuando logro eso, tú y yo somos felices…

Tú, porque sientes que avanzas y progresas.

Yo, porque te veo feliz.

El día 23 de enero de acuerdo a los turnos dispuestos por Cote tenía que ir al teatro para grabar algunos de los fragmentos de la obra Tamiz.
Esa mañana mi Camilo despertó lleno de ronchas, como no habla, no sabía qué le pasaba, revise su cama y habían restos de una abeja. Unos minutos después tuve que salir corriendo a la clínica por la reacción alérgica.
Estuve toda la mañana en la clínica y le avisé a mi profe que no podría ir al teatro, me dijo “anda contándome cómo te va”.
Llegue a casa a la hora de almuerzo, me sentía mal de no haber cumplido con mi responsabilidad y no haber podido llegar al teatro. Le mande un mensaje a mi profe: “recién llegando de urgencias, no sé si vale la pena que llegue más tarde” y Cote me respondió: “siiii, la sesión es a las 14:00 y después la parte de ustedes, demás alcanzas las fotos” (había una sesión de fotos), así que agarre mi bolsita con el vestuario y partí al teatro.
Mi día había empezado fatal, pasé un susto terrible con mi Camilo picado de abeja y luego el estrés de pasar por urgencias, estaba acalorada, con el cabello sin peinar y cara de cansada. Llegué al teatro y en la penumbra pude ver a algunas de mis compañeras terminando la sesión de fotos en el escenario. Quienes me vieron llegar preguntaron por Camilo.
Me cambié rápidamente pues ya casi terminaba la sesión de fotos individuales. Vi a una compañera que se ubicaba en medio del escenario con su falda plato sentada en el piso para lucirla alrededor, dos compañeras corrían a ayudarle a acomodar los bordes de la falda mientras el fotógrafo enfocaba. Subí por un costado del escenario, ya casi era mi turno. Un par de compañeras que ya habían terminado observaban a un costado del escenario detrás del telón, me saludaron con entusiasmo, una de ellas al ver que no podía acomodar mi cabello, se sacó un pinche brillante que adornaba su peinado para que yo me lo pusiera.

Por Andrea Santibáñez

La otra acomodaba mi peto para que no se moviera sacándose un alfiler de gancho que tenía en su traje. Yo venía hecha un desastre y en un minuto quedé lista para la foto mientras me daban sugerencias para las poses.
Hice las las fotos y luego grabación y de pronto todo el estrés de ese día se había esfumado, la magia de estar en ese lugar con gente tan maravillosa me hizo sentir bendecida y mágicamente el día se volvió mucho mejor… 
Más de una vez he llegado a la escuela de danza hecha polvo por dentro, cuando recién comencé hubieron días muy malos en mi rutina y danzar era mi ventana de oxígeno.
Recuerdo la primera vez que la tía Cristina me tomó las medidas para un vestuario por allá en el 2017, la terapia con el psicólogo no ayudaba de mucho y yo me sentía fatal ese día, no tenía con quien dejar a Camilo y lo llevé conmigo.
Estaba tan agobiada por todo que mientras la cinta de medir rodeaba mi cintura corrían lágrimas por mis mejillas porque me sentía tan angustiada, ese día no me quede a la clase porque andaba con Camilo y me fui.
Supongo que la tía Cristina se dio cuenta de que yo no estaba bien y se lo dijo a la Cote, pues ella más tarde me dijo que asistiera a las clases con Camilo y me dio todas las facilidades para ello.
Quienes me conocen saben que Camilo es único, con sus 3 añitos comenzó a ser el espectador número 1 de todas las clases a las que pude asistir. Se quedaba tranquilo en una esquina de la sala en su sillita, aplaudiendo y disfrutando la música, sonriendo todo el tiempo. La danza nos salvó, la música y el amor de ese espacio fue nuestra terapia, terapia para mi que venía de una depresión terrible y para Camilo que disfrutaba con cada estímulo. Ya han pasado 4 años y solo puedo agradecer. Gracias Cote por tu paciencia y por tu poder de convocar a mujeres tan distintas, tan únicas, tan normales a hacer algo diferente y extraordinario: creer en sí mismas. La mejor terapia. Gracias a cada una de las compañeras que han compartido con mi hijo y no les ha molestado su presencia.
La Escuela ha sido un acompañamiento de vida, en ella no solo he encontrado la conexión con mi cuerpo y liberación de mí feminidad. Nunca pensé que este espacio me permitiría conocer personas que hoy son parte de mi diario vivir, me conectó con quien hoy nos decimos hermanas del corazón, sin duda alguna, lo fuimos en otra vida y el día de hoy somos vecinas, el destino nos quería juntas. Se me abrieron oportunidades profesionales, conocer a quién fue mi jefa y gran amiga. Ser parte del grupo «Almansura», ¡qué gran aventura!, nunca me imaginé a mí misma organizando mis días de trabajo y fines de semana, para viajes interregionales para bailar, tomar clases con profesores internacionales, aprender a maquillarme!.

Por Camila Ahumada

Tener amigas incondicionales que han sido participes de los momentos más felices y negros de mi vida, como la ceremonia hermosa que prepararon con tanto cariño «noche de henna», previo a mi matrimonio y que mejor aún, tenerlas ahí, bailando junto a mi, ayudándome con el vestido!!! o atreverme a bailarle a mi marido entregando la liga de un modo elegante, como caracteriza los bailes de la Escuela. 
Son muchas experiencias vividas y compartidas en la Escuela, podría escribir muchas palabras de gratitud a este espacio y por ello tengo la certeza de decir que su lema es su mejor representación » Ven a descubrir que la danza es mucho más que técnica» y espero que mis vivencias que han sido maravillosas otras personas lo puedan vivir y compartir.

En el año 2013, después de un cuadro de estrés, me recomendaron hacer «algo» para distraerme, estaba pensando ir al gym, retomar las clases de japonés, volver a hacer teatro o hacer algo nuevo como bailar, jamás había bailado… y por las cosas de la vida justo al lado de mi trabajo de aquel entonces se instaló la Escuela Danza Oriental, había visto a la Cote por amigos en común, y una amiga me dijo que la academia me quedaría al lado… o sea, cero excusas para no ir!! Y así fue como hace más de 7 años llegué a este espacio, a distraerme… pero encontré tantas cosas más!! Hoy día no me imagino mi vida y mi rutina sin la danza… la que no bailaba nada, ahora no puede vivir sin danza… y creo que eso se debe a que en este espacio encontré un lugar de pertenencia, donde me siento parte de un grupo de mujeres que pese a ser tan diversas, tenemos en común el amor por la danza. 

Por Noelia Castro

Encontré compañerismo, inspiración, generosidad, apoyo en momentos muy difíciles, y encontré a grandes amigas, y por su puesto, a la Cote. Si pienso en estos últimos 7 años, han pasado muchas cosas en mi vida, tanto laboral como personalmente, tuve una crisis laboral heavy y ahí estuvieron la Cote, mis amigas y mis compañeras para apañar en momentos complejos, jamás olvidaré ese abrazo y apapacho de grupo de mis compañeras de crótalos, que sin preguntar nada, sólo me abrazaron y me dieron su cariño… justo lo que necesitaba! y bueno… en todas las etapas que he vivido estos años, los vínculos y amistades forjadas en este espacio, han sido fundamentales, una verdadera red de apoyo. Este ha sido un espacio seguro y genuino, donde se aprende mucho de danza, de técnica, de teoría y de música (me encanta todo eso!!!) y también se viven experiencias y relaciones maravillosas… espero que otras y muchas más puedan ser parte de este maravilloso espacio.

¡Hola!, me llamo Catalina Abarca y hace 6 que formo parte de la Escuela y la comunidad que se ha ido generando desde los inicios de esta.
Llegué a la Escuela el verano del 2014, mi mamá y la Cote son primas, por ende nos enteramos de primera mano que haría clases estivales durante enero. Al principio acepté ya que era sólo durante unas semanas en verano, pues estaba equivocada, al terminar las clases mi mamá me informó que estaría todo el año tomando clases de danza. Me reusé, ahora estaba más que obligada a asistir. En ese entonces tenía 13-14 años y me enteré que se había formado un grupo de adolescentes, aún así no me sentía cómoda y prefería ponerme al fondo y cerca de la pared. En la primera convivencia que hicimos para conocernos entre todas (alumnas nuevas y antiguas) y al momento de presentarme dije: «Hola me llamo Catalina y estoy aquí porque mi mamá me obligó», obviamente no tenía la intención de hacer reír a nadie pero todas lo encontraron chistoso.

Por Catalina Abarca

Con el tiempo comencé a agarrarle el gusto a las clases, me hice amiga de las otras niñas del grupo y cuando me subí al escenario por primera vez quedé con ganas de más.
La historia me ha gustado desde toda la vida (actualmente estoy estudiando Pedagogía en Historia y Geografía, sí, a ese nivel) y la danza, me ha marcado más allá de los pasos y las coreografías que se lleven a cabo, sino que también he ido tomando consciencia y le he agarrado cariño debido a todo el trasfondo histórico, social y cultural, sobre todo en las danzas folclóricas y populares. También, me ha servido para poder expresarme mejor y perderle el miedo a mi propia voz (he actuado varias veces en las distintas obras que se han montado) y por qué no, entender, querer y valorar mi cuerpo, dimensionándolo como el ente que soy, más allá de los cánones y prejuicios impuestos en la sociedad, gracias a la diversidad, el apoyo y el amor que existe en esta, nuestra, comunidad.

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